Despiden a monja fallecida y descubren que fue una millonaria con 10 hijos. Dejó todo por su fe

Existen historias de vida que son totalmente desconocidas, hasta que sus protagonistas fallecen. Ahí es cuando salen a la luz datos que parecen ser sacados de la ficción. Una monja de Illinois, Estados Unidos, quien murió a los 92 años, dejó a su paso un manto de misterios que fueron descubiertos luego de su deceso. 

Según información de BBC, la hermana Mary Joseph, como era conocida en el monasterio donde vivió durante los últimos 30 años, tuvo una vida muy distinta a las mujeres que año tras año deciden dedicarle su vida entera a la religión y a Dios.

Twitter Mark Miller @4T9NER

A pesar de que los últimos momentos de su vida los vivió sumida en un voto de silencio y en una extrema soledad, debido a que el monasterio en donde estaba tenía estrictas medidas, como no permitir visitantes, Mary Joseph tuvo una vida anterior radicalmente opuesta.

Su nombre real era Ann Russell Miller, una socialité millonaria de San Francisco que tenía 10 hijos y una mansión con vista al mar en donde invitaba a sus amigos y organizaba fiestas. Incluso, tenía la capacidad de darse lujos como ir de vacaciones al mar Mediterráneo o ir a esquiar.

Twitter Mark Miller @4T9NER

Sin embargo, desde que era niña, Ann soñaba con convertirse en monja. Su futuro le depararía algo distinto porque a los 20 años se casó con quien sería el vicepresidente de la empresa Pacific Gas and Electric, Richard Miller, por lo que su vida se basó en lujos, glamour y las amistades millonarias.

Hace poco apareció uno de sus diez hijos comentando en Twitter cómo fue que Ann terminó en convertirse en Mary Joseph, una monja encerrada en un monasterio de Illinois viviendo una vida austera.

Twitter Mark Miller @4T9NER

En sus publicaciones, su hijo Mark Miller contó que vivía su vida al límite y que “tenía un millón de amigos. Fumaba, bebía, jugaba a las cartas“.

Pero luego de que su esposo muriera de cáncer en el año 1984, regaló todos sus bienes y riquezas y se abocó a lo que siempre soñó desde niña: ser una monja. Así es que dejó atrás su vida de riquezas y fiestas para unirse a las Hermanas de Nuestra Señora del Monte Carmelo en Des Plaines, Illinois.

Twitter Mark Miller @4T9NER

Las monjas carmelitas tienen reglas muy estrictas, como prohibir las visitas y los votos de silencio, así es que según Mark, solo la vió “dos veces en los últimos 33 años desde que se unió al convento (…) Cuando ibas de visita no podías abrazarla ni tocarla“.

De esta forma, con 28 nietos y más de una docena de bisnietos, Ann se despidió de este mundo viviendo 30 años en soledad y sin ver a sus familiares. De hecho, cuando cumplió 61 años organizó una fiesta con comida y música en donde invitó a sus amigos para que se despidieran de ella, ya que entregaría su vida a Dios. 

Twitter Mark Miller @4T9NER

Mark explicó que les dijo a sus invitados que su vida se había dividido en distintas etapas. Los primeros 30 años los dedicó a ella misma, los otros 30 años a sus hijos y los últimos 30 serían para vivirlos en la religión. “Espero que salude a papá de mi parte“, cerró su hijo.