“Allá ser gay es una vergüenza”: Africanos de la comunidad LGTBI encuentran libertad en Reino Unido

A pesar de los avances que se han alcanzado en cuanto a los derechos de la comunidad LGTBI, siguen ocurriendo episodios lamentables de homofobia. Esto ocurre sobre todo en países donde los prejuicios contra la sexualidad aún están vivos.

Este es el caso de Jane, un mujer homosexual de 29 años que tuvo que huir de su natal Kenia, debido a que siempre le habían inculcado que ser gay era un pecado. Tener una inclinación sexual que no fuera heterosexual era sinónimo de vergüenza, por lo cual Jane no aguantó reprimir sus sentimientos y gustos.

“Vengo de una familia muy, muy religiosa, tenemos pastores y obispos, y solía llevarme a la iglesia cuando era niña“, dijo, según reseñó Metro.

Movement for Justice

“Para ellos, ser gay es una vergüenza. Eran muy homofóbicos y, como lesbiana, tuve que ocultar completamente quién era. Me hicieron crecer asustada, con mucha ansiedad”, agregó Jane.

Su decisión fue irse al Reino Unido, donde sintió que encontraría más libertades para dejar salir su verdadera personalidad. Así como ella, muchas otras personas de nacionalidad keniana encontraron una nueva vida en este territorio, donde se es permite expresar su diversidad sexual sin ser juzgados.

Hizo su solicitud de asilo en Reino Unido en 2017, cuando viajó por asuntos de trabajo, sin embargo, todavía no recibe respuesta. En Kenia su vida sentimental se ha vuelto riesgosa, porque casó con un amigo de su tío para ocultar su sexualidad, pero la relación se tornó violenta.

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“Estaba saliendo con una mujer y pensamos que mi matrimonio protegería nuestra relación. Viajaba mucho por trabajo. Pero un día empezó a agredirme sexualmente. Cada vez que me negaba a acostarme con él, me golpeaba y me decía que había pagado dinero para tenerme”, dijo Jane.

“En una ocasión me agredió mucho y sangraba de la cabeza. Fui a la policía, pero como (mi esposo) tenía dinero lo llamaron para que viniera a buscarme. Cuando fui con mi familia me dijeron, ese es tu marido, así es la vida matrimonial, tienes que volver”, añadió.

Ella, ahora viviendo de forma libre, se niega a regresar a su antigua vida. “Mi sexualidad no es una enfermedad, pero tratar de explicárselo a una persona africana es muy difícil. He decidido que si no pueden aceptarme es su pérdida, me he aceptado a mí misma. No me voy a juzgar por quién soy“, dijo.

“Estar en el Reino Unido me ha traído tanta felicidad, es como cuando un niño anhela caminar durante mucho tiempo y de repente puede hacerlo. Es libertad. Estuve en el armario por mucho tiempo“, enfatizó.

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No obstante, conseguir el asilo no es tan sencillo, son miles los solicitantes quienes afirman haber sufrido agresiones y persecución por su inclinación sexual. De acuerdo a Karen Doyle, organizadora nacional de Movement for Justice, organización defensora de derechos civiles, la aprobación queda en manos del Ministerio del Interior.

“Tienes que presentar tu historia (al Ministerio del Interior) y hablar sobre el desarrollo de tu sexualidad. Culturalmente, la mayoría de estas personas provienen de familias en las que ni siquiera se habla de sexo o sentimientos heterosexuales, por lo que para ellos no es natural”, dijo.

“Entonces, cuanto más complejidad hay, o trauma, parece que el Ministerio del Interior encuentra lo que ellos llaman ‘inconsistencias’. Por ejemplo, algunos de nuestros miembros mayores no pueden recordar partes de sus primeros años de vida. Algunas, principalmente mujeres, también pueden haber intentado obtener asilo casándose con un hombre al principio, solo porque pensaron que sería más fácil”, agregó.

Muchas de estas situaciones afecta la credibilidad de cada caso. “Hemos notado que las lesbianas mayores reciben sus solicitudes rechazadas con más frecuencia. Es casi como si se les negara la sexualidad, porque no van a clubes ni tienen mucho sexo, por lo que no necesariamente pueden señalar esas cosas como evidencia“, expresó Doyle.

Otro de estos es el de Hamid, un hombre de 43 años que emigró a Reino Unido desde Uganda en 2004, viniendo de una familia musulmana. Al igual que con Jane, su crianza se basó en rechazar la cualquier otra inclinación que no fue heterosexual, al considerarlas una maldición.

Metro

Por eso, siempre ocultó su bisexualidad hasta sentirse libre en otro país que no fuera el suyo. Sin embargo, su familia sigue sin sentirse cómoda con su decisión. “Donde vivo en este momento, no son las mejores condiciones, porque vivo con mi mamá. Realmente no puedes estar enamorado o traer a alguien cuando te quedas con tu madre“, manifestó.

“Es un desafío, no porque me esté haciendo pasar un mal rato, sino porque en el fondo no sé si ella está bien con eso”, añadió.